miércoles, 22 de agosto de 2007

SEGUNDOS DE VIDA O MUERTE




A la luz del farol no puedo comprender qué fue lo que pasó.Me siento un cobarde, pero... ¿por qué?
Un libro sobre la mesa, ajado de tantas leídas, tal vez tenga que ver con todo esto. “Dogo Argentino”, un regalo de Amadeo Biló. Quizá sea una respuesta. Mi dogo. Cuánta falta me hizo hace apenas minutos, lo hubiera pedido a gritos.
Amargura, sólo eso me brota del pecho. Pero en la vida se gana y se pierde y debo aceptarlo así.
Imágenes dando vueltas por mi cabeza. Una y otra vez: el padrillo en la mira de mi fusil, perros acalambrados, inútiles balas recargadas de la segunda guerra mundial, un clic. Nada. Tuve tu vida en mis manos en dos oportunidades, pero zafaste.

Había salido sólo con tres perros porque el objetivo era cazar una chancha. Sin querer, queriendo me encontré con un chancho de aquellos. Y con mi error.
Fieles compañeros: Jack, Sacachispa y Pehuen. Estoy muy orgulloso de ellos. Se mostraron con un coraje admirable. Lástima que yo no pude hacer nada cuando más me necesitaron.Como dice Biló en su libro: la lucha por el jabalí dura escasos segundos, a veces minutos. Y uno lo sabe. Los de hoy fueron segundos, en los que Jack y Pehuen lograron sujetarlo.Pero bendita la verdad si yo hubiese entrado en lo tupido e impenetrable del monte donde se desarrollaba la pelea, que solo la podía ver cuerpo a tierra.
A veces se me da por creer que tengo a Dios de mi lado y él quiso que yo no estuviera ahí. Estaría despostando el animal si las balas de mi fusil no hubieran fallado cuando lo tuve a tiro.
Sus ojos me descubrieron y fue motivo suficiente para su atropello. Me pasó a escasos metros.

Dos tiros a corta distancia. Y ambas balas fallaron.
Qué desprotección.
Logro cargar para el tercero y alcanzo a disparar el tiro exigido cuando el jabalí me gana el monte. El Sacachispa lo corría pegado a los garrones.
Luego, de rodillas logro ver al chancho que sentado, la peleaba con los perros.
Pensé que estaría herido. Dudé. Jack y Pehuen, poco podían hacer debido al porte del jabalí, el cansancio los venció y en su ultima carrera lo abandonaron.
Me encontré solo. Y estaba solo.
El silencio en la tarde que se iba y un torido del Sacachispa a lo lejos, me hizo comprender que era inútil y arriesgado volver a encararlo con una bala insegura y un perro Boder Collie.
Tuve que aceptar la derrota. Y desde el fondo de mi propio desánimo me juré la revancha. Sólo un cambio: el fusil por un perro, mi Arruinado, un Dogo Argentino que no había podido traer. Como así tampoco Lonco y Chavito, otros dos compañeros en la vida.

Cometí un error, lo sé, por eso me atrevo y aconsejo: cuando salgan en busca de chanchos, que sea con 4 perros, o más perros prendedores, por las dudas que se encuentren con un padrillo en lo tupido del monte.
Entendidos en el tema lograrán ponerse en mi piel cuando se viven minutos interminables, sudados por el miedo, enredado a veces en los jarillares y el padrillo furioso que arremete, disparándole casi sin tocar el suelo de tan sólo imaginarlo -que es mucho peor que verlo- bufándonos los tobillos, como el peor de los fantasmas.
El regreso sin la presa, pero con la vida de uno entre las manos, que no es poca cosa.
Bien dice el payador Huenchul en un verso: de donde casi dejo el cuero de puro tonto al saber.


Nota: No puede llevar más perros porque en mi afán de cazar una chancha y teniendo la camioneta rota, pedí a un conocido que me lleve hasta al campo. Luego tendría que venirme a dedo.Sin embargo lo logré,
Al otro día por la mañana pude matar un chancha, y bueno... se haría largo el relato si les cuento lo que tuve que trabajar para llevarla hasta el camino donde me alzaron hasta el pueblo! Anécdotas que quedarán por siempre.
Imaginen solo esto: lavándome los pies en un tajamar, ropa teñida de rojo sangre, 3 perros descansando bajo un chañar a metros del camino y sobre é, colgados, dos media red de jabalí. Haciendo dedo.
Pregunta... ¿Vos me llevarías?
(A.S)