jueves, 6 de mayo de 2010

sábado, 12 de septiembre de 2009

Conocelos









Conoceme



En el medio del campo del Valle Medio, lejos de las rutas asfaltadas y comerciales, el desierto patagónico es un inmenso laberinto de jarillas, alpatacos y piquillines. Desde hace meses la sequía azota la región sin piedad, por eso sólo sobreviven esas plantas rústicas, espinosas, de poco follaje. En este hábitat, donde no tiene enemigos naturales, reina el jabalí.
Este animal, importado de Europa, se adaptó rápidamente a las distintas condiciones climáticas de varias regiones del país, y así también lo hizo en gran parte de la Patagonia. Se convirtió además en uno de los más preciados trofeos de caza para los amantes de esta práctica. No sólo por lograr piezas de enorme valor sino también para su consumo. Pero aun en la actualidad, cuando las armas alejan cada vez más al cazador de la presa, sobreviven aquellos que apelan a lo primitivo, a la confianza ancestral en el propio coraje y el de sus perros, fieles compañeros templados en las batallas con este tipo de animales.
Ellos enfrentan a los "chanchos" solos, con perros criados desde cachorros, y un cuchillo como única arma.
Es -dicen los cazadores- una experiencia llena de adrenalina en la que entran en juego la capacidad del cazador y el valor de los perros al enfrentarse en muchos casos a animales de enorme porte y de peligrosos colmillos.

En plena cacería
Agustín Sherriff tiene 21 años pero desde hace años es especialista en la caza del jabalí. "En cada cacería ponés la vida misma, la de los perros y, por qué no, la del chancho ante la muerte" ha escrito en su blog, una página en internet en la que ha colgado distintas experiencias sobre una de sus pasiones, dado que escribe y además registra en fotos cada cacería, cada momento único en esas partidas. Tan es así que suele internarse solo en medio del campo, acompañado con su jauría a cazar, aun a sabiendas de los riesgos que eso implica.
"Desde chico, porque siempre estuvimos vinculados al campo por mi viejo, que me gustó cazar" dijo, mientras manejaba "La Chancha", una Ford F-100 de la década de los 70, verde, que muestra que ya dejó de ser simplemente un transporte de personas para convertirse en casi una herramienta fundamental más en cada cacería.
Con ese vehículo recorremos centenares de kilómetros, atravesando picadas apenas dibujadas en la tierra, caminos polvorientos que amenazaban con dejarnos a pie en cualquier momento, para ver de cerca lo que se siente en una cacería de este tipo.
Después de haber atravesado una innumerable cantidad de tranqueras, Agustín enfila por una huella pedregosa, que es un hilo entre los matorrales espinosos y que corre paralela a una alambrada.


De golpe frena. Se baja y dice "vamos a parar acá porque siempre andan chanchos". Los perros instintivamente bajan de la caja. Son siete, todos de gran porte: dos dogos de criadero, un border
collie, un gran danés, y otros tres mestizos, pero que con sus poderosas cabezas demuestran que en ellos corre sangre de dogo. Inmediatamente "Sacachispas", el border collie, comienza a ventear el aire, levanta la cabeza, huele, escucha. Es el rastreador, tal vez el que tiene la tarea más importante, que es olfatear al jabalí y conducir a la jauría de perros mordedores. Pero no sólo eso, el can muestra tener un instinto superior. Cuando llega hasta un "chancho" le ladra alrededor, le salta, lo frena, como dice Agustín "lo empaca" hasta que llega el resto de los canes.
Es tal su capacidad, que a pesar de haber sido protagonista de decenas de cacerías el perro nunca recibió un solo rasguño, relata Agustín sin disimular el orgullo que tiene por el perro.
Pocos minutos después de haber bajado se escuchan ladridos lejanos. Y el grito del joven alerta: "están toreando a uno" dice y comienza a correr. Lo seguimos como podemos, corriendo en tramos, caminando en otros, parando segundos para escuchar los ruidos de la pelea que trae el viento.


Llegamos minutos después que Agustín. A centímetros de nosotros, los perros tienen preso de sus dientes a un jabalí de poco más de 50 kilos. El joven acaba de asestarle una precisa cuchillada en el corazón, que acelera su muerte. A pesar de ello el jabato tiende a escapar, pero las mandíbulas de hierro de los perros lo aprisionan sin dejarlo mover.


La mañana recién ha comenzado y ya el cazador tiene una presa. Pero la partida continúa. Trata de atravesar una pequeña cañada, por donde hace ya mucho tiempo corrió agua, pero la camioneta no puede con la trepada. Así que la batida ahora es a pie. Poco tiempo después, los hechos se repiten.


Las corridas de los perros y del cazador, que atraviesa el monte como si corriera por una vereda en plena ciudad. Largos, extensos minutos después llegamos. Esta vez, Agustín nos frena: "no le saques fotos". Los perros han atrapado a un jabalí de mediano porte, y en la pelea le han destrozado parte de la cabeza. En todos los casos, tras atraparlos, el joven rápidamente "limpia" los jabalíes. Y les da de comer a los perros. Parece que la cacería termina allí. Volvemos.
Pero a medio camino los perros vuelven a "torear". Esta vez sólo corre Agustín. Vuelve al rato con otro jabalí en los hombros.


Ha sido una buena jornada para el cazador: Tres piezas en poco menos de seis horas. Los carga en la camioneta, mientras esperamos el regreso de alguno de los perros que se ha perdido.
El joven los espera impaciente. Es que cada perro es un compañero. Conoce a cada uno de ellos, los ha criado y sabe con certeza cómo se comporta cada can. Confía en ellos. Al fin, vuelven.
En su página Agustín trata de explicar las sensaciones que se suceden en las cacerías en que se arriesga la vida del cazador y de los perros. De la sensaciones que llegan, que inundan el cuerpo, como el cansancio tras la jornada. Y en todas ellas el joven que ha vivido muchas batallas tiene razón. Dado que en algunos momentos nos pudimos asomar por segundos a ellas.
Pero también quedan presentes, grabadas, otras sensaciones. Ese sentimiento que nace en aquellos que nunca practicaron la caza de sentir que los animales -tanto la presa como los perros que acompañan al cazador- están siendo parte de un juego en el que el único que gana es el hombre. En un momento, se siente que los perros y el jabalí están desprotegidos en esa danza cruel que propone el cazador.



lunes, 16 de marzo de 2009

lunes, 22 de diciembre de 2008

miércoles, 13 de agosto de 2008

Video despedida del Chiqui



CLICK ACA PARA VER EL VIDEO:




por gabriel bahia el Dom 10 Ago 2008 - 21:48

agustin te felicito por el video y tambien felicito al chiqui por sus agarres,siento en el alma que lo hayas dado como seguramente te pasa a vos,te mando un abrazo grande!! mucha suerte!! atte gabriel
gabriel bahia


por miguel ronda el Lun 11 Ago 2008 - 7:57

siempre ira contigo una parte del chiqui, y siempre podras decir " te acordas cuando el chiqui.........." y seguir disfrutando con sus buenos momentos. me gusto mucho el video agustin, no tengo palabras.......saludos
miguel ronda


por fazza el Lun 11 Ago 2008 - 15:22

hola agustin muy bueno como siempre el video
la verdad que medio se me planta un lagrimon viendo el video chiqui.
bueno y como decin los que saben a darle para delante.
saludos atte fazza (fernando fazzari)
fazza


por Ariel Motta el Lun 11 Ago 2008 - 19:45

Excelente el video Agustín y muy emotivo. Un abrazo
Ariel Motta


por Leonardo Morales Ayer a las 0:13

Hola agustin, EXCELEEEEEEEENTE EL VIDEO, reien termino de verlo y de verdad se me han caido un par de mocos sobre el teclado.- Felicitacione nuevmente.-
Leoni
Leonardo Morales


por Xuan Ayer a las 18:27

Agustin,ya te lo dije y te lo repito:ERES UN GRANDE
Menudo homenaje.Ojala le den una vida a cuerpo de rey sus nuevos dueños.
Xuan


por daniel Ayer a las 18:57

la verdad que no habia visto el video , te felicito por el video muy bueno , y creo que vos tendras tu razones por sacar al chiqui del monte igual ese gran danes ah dejado demostrado que dentro de sus errores o aciertos en plena cazeria el hiba mi admiracion para ese arlequin saludos cumpa
daniel

por maxilucero Ayer a las 20:18

loco, que emotivo ese video, algo que no te olvidas mas. muy bueno tu video.saludos

por juan sherriff Ayer a las 23:03

La verdad que el video esta muy bueno y emotivo lastima que las cosas no fueron de otra manera y no me gustaba verlo atado debajo de ese tamarisco con la cara triste creo que va a estar mejor con sus nuevos dueños aunque el chiqui siempre llevara en sus recuerdos el fuerte agarre a un jabali con sus enormes mandibulas....capaz algun dia tenga su oportunidad nuevamente..... lo ultimo que tengo para decir es mas para decirle al chiqui gracias por la seguridad que me otorgaste frente a las enormes bestias donde nunca le AFLOJASTES.....GRACIAS CHIQUI!!!!!!



por Agustin Sherriff Ayer a las 23:52

Como dice mi hermano, no era muy lindo para nosotros verlo encadenado, mas para Juan que vive en la chacra y con solo asomarse por la ventana ,tenia que verlo con la cara de boludo daba mucha pena.Ahi era momento para darle una soltadita y cuando ganaba un poco de confianza salia hacer algunas travesuras por la chacra.

viernes, 18 de julio de 2008

Audio . Caza Nocturna.


Les comento un poco la caceria.
Juan(mi hermano) , un tal Juanchi y Agustin, salieron a cazar tipo 9 de la noche rumbo a valla saber donde.
Fernandez miraba por el retrovisor, y decia "mira como van trabajando los perritos" mientras el Admintrador manejaba la conocida Chancha, Juan era un cero a la izquierda como siempre.
En zona caliente , los perros iban de nariz parada, a tal punto que el Gran Danes amaga a tirarse y lo retan, pero Juachi dice "ese perro venteo Agustin"
Aflojan un poco la marcha y se largan los perros.
Los cazadores no se alcanzan a acomodar para la presunta corrida que los perros ya encontraron al chancho.
Despues de una corrida breve logran pararlo y sucede lo siguiente:


Pd: Despues de esto , los perros se largan y manotean una chancha , que se ve por ahi , cerca la compuerta.
Saludos

">

sábado, 12 de julio de 2008

Foro Cazadores con Jauria( VIDEO INVITACION


Hola a todos , gracias al exito que tiene este blog y debido a los muchos que lo visitan por dia, he podido llegar a un poco mas alto.
Ahora esta en internet un Foro para cazadores con juaria, donde todos podran participar. Solo tendran que registarse con nombre y apellido. De otra manera no van a tener posibilidad de comentar nada.(envidiosos abtenerse)
En el foro se trataran todos los temas referidos a la caceria. Poner fotos y videos de sus perros cazando, ect.
Tambien a medida que se valla haciendo conocido poder entablar charlas con cazadores de todo el mundo.
Le tengo fe, yo se con un poco de buena onda va ir para adelante.


Para ingresar al foro es: www.cazadeljabali.foroes.net
Saludos el Administrador,jeje">

domingo, 29 de junio de 2008

Video: 29 de Junio.Larga corrida... valió la pena.

Bueno les comento un poco la caceria.
Fuimos dar una vuelta para ver si veiamos señales de Tigre.No hay caso.No aparece.
Despues salimos a dar una vueltita por que estaba especial. viento suave y el dia nublado, no muy frio.
Con mi hermando entramos a campear, los dos sabiamos que con 3 perros mas el cachorro la cosa era dificil. Mas que Juan se habia olvidado la cogoteras y con esto de los perros que mataron la verdad que tenia mucho miedo.
En una de esas puedo escuchar a los perros que iban corriendo , asi que alerte a mi hermano de lo que estaba sucediendo.Nos quedamos en silencio conteniendo la respiracion. En eso se escucha que torea Jack,lejisimos pero por suerte con el viento a de nuestro lado.
Empece a correr, cuando senti que estaba medio cerca del quilombo prendi la filmadora y pude filmar eso . Que si eso me parecio que era cerca del quilombo , estaba bastante errado.
Bueno corri, corri, muchimo.Pude llegar , agotado pero en fin llegar.
Asi que no pude filmar mucho la pelea, en estos casos hay que hacer las cosas rapidas.Los perros ya estaban cansados de pelear.
Menos mal que no era muy colmilludo .Por suerte si no hoy seria otra la noticia.
Lamentablemnte tengo que hacerme de algun dogo.Me quedo corto con lo que tengo. Es una locura 3 perros.O por lo menos buena proteccion.

Bueno gente espero que les guste, no es mucho material pero algo es algo. Saludos


.

1 comentario:

domingo, 22 de junio de 2008

Video 21 de Junio 2008

Hola gente, esta vez no voy a poner un video editado, antes que nada quiero que sepan que perdi un perro en el campo...Tigre.
Perro que se hermanó con mi puntero Jack y junto corrieron un jabali.
Perro que no volvio mas.
Perro que ahora valla a saber donde andará, espero que asi sea.Encontrarlo en algun puesto vecino tal vez con algun corte en el cuero de mas,no estaria mal.No me sorprenderia viniendo de el " Un puro huevo" como lo llame hace poco.

Uno no queda tranquilo cuando pasan estas cosas, espero que logren ponerse en la piel de un cazador que deja guerrero en el campo, esperando que el tiempo traiga novedades positivas.

En cuanto a la caza, no puedo con palabras describir las sensaciones que me inundan el cuerpo en la corrida del jabali. Corridas que fueron alrededor de 10 en las que tuve suerte en 5.Estas fracazadas dejan claro que el jabali tambien gana y por eso es tan apacionante esta actividad primitiba.
De noche de dia, temprano,de tardecita siempre un paso firme detras de mis perros, esperando el ladrido, ese ladrido que a uno lo estremece y automaticante ya estas cansado, mas de uno sabra a que me refiero.

Me creeran si les digo que filme varios videos con jabalis corriendo, perros por detras, desde una parte alta. Pero la ansiedad y la desesperacion me jugo en contra.
En plena corrida la camara me indica "memoria llena" asi que cometi el error de borrar, si "borrar todo"
Tratare de buscar el forma de recuperarlos.
Pero no puedo dejar de poner este video para los que se encariñaron con Chiqui y demas, si es que alguno no me lo quiere decir que le gusta otro perro.

Aca les dejo este video, que de solo mirarlo se me da por pensar que culpa tenia este jabali. Ya habra momento para analizarlo. Por ahora no.

Pd: Padrillo que fue rastreado y levantado de su nido.Tigre ya estaba perdido.
Fue alcanzado por Jack(manto negro) a unos 700 metros mas o menos .
Luego llegaron los pesados y solo falto el remate final. saludos
Chancho supo dejar su orgullo en la pelea.A pesar de su tamaño

">

jueves, 29 de mayo de 2008

Retiro Oficial




Dado una accidente de transito que tuvo como protagonista a Sacachispa y a un mal viviente conductor que se dio a la fuga, Sacachispa fue arrollado en la localidad de Beltran cuando se disponia ir a ver a una novia a altas horas de la noche.

Producto del golpe el perro tuvo un desprasamiento de cadera. Segun el Veterinario Gaston Capra no puede apoyar bien su pata trasera izq por lo tanto no puede correr chanchos asi lo djo el veterinario.

Despues de una larga recuperacion en la chacra , corriendo de a poco las liebres, Sacachispa estaba sumando puntos para que lo llevemos a cazar.

Sin embargo la obesidad y la vagancia le toco las puertas a su vida , fue punto clave para decir oficialmente que Sachispa se retira de las cacerias.

Se comento que para mediado del mes Julio Sacachispa tendra su ultima participacion en cacerias en modo de homenaje a todos los chanchos que a empecado un sus 7 años de vida.




Se reciben comentarios al pie de pagina.



jueves, 15 de mayo de 2008

Fotos 2008


Martes 13 de Mayo

La noche se aproximaba y pintaba para buena, decidimos con mi hermano hacer una venteada con la luna en cuarto creciente.
Después de comer un buen asado salimos alrededor de 23:00 hs en la chata a ventear con 4 perros (Lonco,Chiqui,Tigre y Jack)
A los pocos minutos tuvimos una largada, la noche al estar serena se podia escuchar a los lejos como iban los perros en su corrida. Primer torido del Jack y empezamos a correr.
Pasando por un charco con barro me di cuenta que era un barraco por el olor que dejó donde seguramente se estaba revolcando.
Los perros ya iban tras de él acortando distancia. A unos 200 metros logran detenerlo. Pude escuchar a los perros pesados llegar a la pelea, ahi me apuré sabiendo del peligro que corrian.
A poco metros de la pelea prendo la linterna pero el revuelo de tierra que se levantaba en el lugar me impedia ver , asi que tiré la linterna al suelo para distraer al chancho y lo encaré por otro lugar, donde pude tomarlo de la pata y asi llegó el remate final con mi cuchillo.







Sabado 3 de Mayo

Visita de Leandro P.

Después de haber corrido una cuadrilla de jabalies y hacer presa a un cachorrón; correr también un barraco y no poder ser alcanzado por nuestros perros punteros Jack y Tigre , minutos despues pudimos dar con este buen jabali.
Al encontrarlo echado dentro de un chañar los perros logran pararlo a unos 200 metros.
Me di cuenta que era un barraco porque Chiqui con sus aullidos estaba siendo castigado .
Aproximandome a la pelea que se desarrollaba dentro de un monte sucio, de pikillines y alpatacos , los perros estaban bien afirmados a la cabeza asi que solo restaba hacer mi tarea dentro del equipo: aportar mi cuchillo y dar fin a la presa.
Luego llegaron al lugar, "agotados", Juan y Leandro para el acarreo. Como siempre. Ja
Los perros respetando su instinto salian en la búsqueda por más. El primero en ponerle freno fue Leandro que, también respetando su agotamiento, me pedia por favor "no corramos más". Dicho esto se escucha un ladrido del Jack y vuelta a correr. Esta vez sin resultados.
Asi son las cacerías con perros, algunas veces se da y otra veces no.






video

jueves, 27 de septiembre de 2007

jueves, 13 de septiembre de 2007

NOTA A UN RECONOCIDO CAZADOR




Omar Méndez

Cazador de jabalí










A partir de la nota que me realizó el Diario Rio Negro en el 2007 respecto a las cacerías de chanchos,(http://rionegro.com.ar/diario/2007/07/09/20077v09f09.php) si bien que me gustó, quedé con un dejo de injusticia ya que considero que mis 23 años de edad aportan mucho menos que otros grandes cazadores con tanto para decir.

Fue así que, cazadores de toda la provincia, hicieron referencia a Omar Méndez como uno de los mejores.
Vino la propuesta y qué mejor momento para hacer una nota -llamo así a mis ganas de saber- que en el campo de acción, en el corazón mismo de la cacería.

Omar Méndez. Sus 47 años no son impedimento alguno para su gran pasión. Ni, pareciera, el tabaco de los cigarrillos que fuma uno detrás de otro. No le afloja a las cacerías porque, asegura, “todavía le queda algo de rollo”.
Se crió y educó en la Estancia Negro Muerto, situada a 80 km de la localidad de Choele Choel, provincia de Rio Negro. Recordemos que el establecimiento contaba con una escuelita para los hijos de su personal y vecinos de la zona.

Compartí 2 días de cacería con él y Sebastián Fernández, otro amigo cazador, precisamente en el lugar mencionado. Compartiendo además de los avatares propios de las cacerías, mates, charlas, fuegos. Yo preguntándole, escuchándolo, aprendiendo junto a él. Porque Méndez es un referente cuando de cacerías de chanchos se trata. Dicho y reconocido por cazadores de toda la región.

La exageración en sus relatos, no es tal. Son hechos ciertos en su voz. Sabemos que no necesita de alardes. Ha cazado mucho. Y eso basta. A mi me basta. Sueña con un libro de relatos donde los personajes mismos no sean otros que quienes lo acompañaron en cada uno de las cacerías. Sin lugar a dudas tiene anécdotas y relatos que a mi me resulta imposible condensar ahora. Será un libro más que interesante.

Comenzó a cazar alrededor de sus 15 años. Y lo hacía solo. A su primer chancho lo mató en Negro Muerto, allí donde vivía. Y lo mató con perros cuando aún no sabía si bajarse o no del caballo. “Cosa que me causó gracia” afirma. No pasaba, como vemos, por una cuestión de coraje, sino de desconocimiento.
Prefiere para sus cacerías la cruza de galgo ruso con dogo, también galgo con dogo. Y dogo.
Al dogo lo conoció cuando Chiche (Amadeo Biló) se lo trajo.
No obstante reconoce que “haber tenido Border Collie o un Ovejero me facilitaba seguir al chancho en lugares difíciles, por ejemplo en lomas o montes grandes. No me podía meter adentro. O estaba adentro el chancho o seguro salía el perro con el chancho adelante. Me ayudaban muchísimo”

¿Y cómo te llevás con las armas, te gusta cazar apostado?
Me gusta mucho tirar con revólver. Si bien nunca me gustó tirar por tirar, si valía la pena tirar, tiraba. No me gusta cazar apostado. Si bien yo me he quedado porque los perros se metían a una isla y yo les ganaba las puntas a los chanchos. Generalmente dejaba gente apostada y yo me metía con los perros a buscar los chanchos.

¿Has participado en Torneos ?
Me invitó Mario Schonberger a La Pampa. Fuimos y ganamos el primer premio. Hicimos el record de 8 años. Ganamos el campeonato del año 99. En el 2000 fuimos al mismo Club de Caza y salimos segundos. Y el record que hicimos, nos lo sacaron el año pasado (2007)

Importante es decir, según sus palabras, que se trataba de una pieza con colmillos de 10 cm de largo x 3 cm de ancho.

Contáme de tu chancho más grande
Mirá, chanchos grandes he matado cantidad, pero chanchos que me han causado admiración del tamaño, del porte del animal, por ejemplo la foto que viste en mi casa, de ésos, he matado tres. Fue hace 17 años. Era hermoso el ejemplar: un chancho nuevo pero no tenía mucho colmillo. Igualmente ese chancho en esa cacería, andaba yo con mi papá y siete perros y habré tardado menos de un minuto. Me cortó los siete perros. Y lo maté al chancho porque era malo, re malo. Me corrió los perros hasta donde estaba yo. Y asomó el perro puntero que lo encontró y asomó el chancho atrás. Y ahí lo aprehendieron los demás.





Y ya que estás… del susto.
Fue de noche. En un campo de un vecino de Choele Choel. Yo venía dormido, por eso no me gusta mucho cazar de noche, porque me duermo. No aguanto la noche. Me despertaron, se largan los perros, me bajo de la camioneta, agarro el cuchillo y la linterna y siento que los perros van toreando adentro del monte. Así que entré a correr, a correr y a correr y tenía una perra muy buena que la usaba para puntera. Lo torea como 1000 metros para adentro y el chancho vuelca viento abajo y encara para el lado que estaba y, pero lo pararon cerquita. Se armo la pelea. Empezaron a gritar los perros, llevábamos 10 perros en ese momento. Cuando íbamos llegando al chancho ya encontré un perro fuera de combate y otro que estaba con la panza afuera. Cuando llego a la pelea de los 8 que restaban solo había tres prendidos. Prendo la linterna porque era una noche oscurísima, alumbro al chancho y se lleva a los perros para el monte. Le doy vuelta al monte y se los vuelve a traer para el otro lado. Ahí lo encaro, me subo arriba y le pego una puñalada. Giró el chancho, pegó una tremenda vuelta y me tiró de espalda. Caigo y me pasó el chancho por arriba. En ese momento sentí que el chancho me agarraba en el suelo, pero no, estaba bien pegada la puñalada y pasó de largo. Y lo volvieron a agarrar los perros y cayó.

Llega la noche y con la noche el fuego. Me imagino que sabrás hacer un asado ¿no? Le digo a modo de desafío, nada más que para que me traiga otros asados, otras noches junto a otros fuegos.
Y allí viene con que fue domador allá por los pagos de Río Colorado, domó muy lindos caballos. Aclara que una cosa es domar y otra cosa es jinetear. Hecha la diferencia dice que “domando yo me consideraba muy bueno”

¿Omar, cómo se aprende a rastrear?
Aprender a rastrear es un arte. Lo primero que tenés que tener es mucha paciencia. Noción de campo, noción de los colores de la tierra, rastros, humedad. Hay muchos terrenos diferentes. Hay terrenos que te muestran un rastro y parece que es fresco y no es fresco. Y hay terrenos que te marcan que parece que es viejo y no es viejo. Hay muchas variedades de rastro. Por eso te digo es un arte y tener la paciencia para elegir la presa que vos querés cazar.

Por si quedan dudas, recorriendo el campo en la camioneta mira un rastro y nos hace detener y lo señala. Un servidor, no hubiera jurado como frescos. Y al parecer lo perros tampoco. Comentó que si nos apurábamos tendríamos suerte antes que los chanchos llegaran al faldeo aquél – y señalaba a lo lejos-Y ahí fuimos tras los rastros. Se nos adelantaron, ahora sí, los perros. El viento no nos ayudaba a escuchar nada. Regresó uno de los perros con sangre. Quedaba en manos de Omar encontrar el rastro del perro entre el monte y llegar a ver de qué se trataba. (Corroborado luego via satelital, puedo afirmar que fueron 2 kilómetros de rastreo) Y dimos con un el chancho muerto.

¿Tenés perros preferidos?
En una cuadrilla vos siempre estas pendiente de algún perro. Preferís alguno. Tenía uno que se llamaba Jack . Era un perro espectacular. Tenía mucho corazón. Muy peleador con los chanchos. Poco tiempo atrás tuve un perro similar a ése que se llamaba Pepe. Me lo regaló Mario Schomberger. Me lo dio de cachorro y lo hice a mi manera. Un perro espectacular. Una cosa de locos.
Un perro dócil, mansito, centrado que no corría en vano, al pedo. Corría sólo si “era chancho”. Y si faltaba había que ir a buscarlo porque seguro que “era chancho”. Porque hay perros que corren pero corren el rastro y éste era un perro que corría seguro. Y se quedaba con el chancho.


Jack
PEPE
En tus años de cacerías ¿has presenciado cuando un perro puntero alcanza al chancho?
Si muchas veces.
Incluso lo he acompañado a la par del caballo. He corrido al chancho hasta que el perro le ha dado alcance. A veces a los cachorros para que aprendan, yo a caballo trataba de frenar al chancho para enseñarles a ellos a agarrar. Y ahí el perro iba aprendiendo a parar el chancho.

¿Qué ha sido Amadeo Biló en tu vida?

Chiche fue una persona muy buena conmigo. Me conoció de pibe. Salió muchos años a cazar conmigo. Hemos compartido campamentos, muchas cacerías, hemos matado muy lindos chanchos. Es un hombre que tiraba muy bien con el 30/ 30. No se si he visto a otra persona que tiraba como él. Te mataba un chancho de un lado al otro del río. Persona muy sencilla que estaba casi todos los fines de semana conmigo. Fue el que me trajo el primer dogo. Yo le tenía sus dogos conmigo, se los enseñaba a trabajar. Tuvimos muy lindas experiencias con gente que venía a cazar, yo era su guía. Cacerías a caballo o en lancha. Excelente tirador desde arriba del caballo.

Y su admiración por él, llega hasta el relato de una cacería nocturna, luego de un asado y un truco donde fueron por unos chanchos en un bajo. Biló le disparaba a la carrera, con seguridad. Fueron 3 las piezas obtenidas.


¿Venís de una familia de cazadores?
Lencina, un tio político, era muy bueno para cazar. Puestero de “El Carancho”. También chanchero y acompañó a Biló en sus momentos. Yo sólo cazaba en la estancia de Negro Muerto pero si lo invitaban a Chiche cuando había chanchos grandes en otros lugares, entonces cargábamos los perros en la baqueana y salíamos para allá.

¿Qué podés decirme de la crianza del Dogo?
Considera que el dogo ahora se ha agrandado en tamaño, es más alto y asegura que antes era más petiso, más chico.

Para mi el dogo se cría trabajando. Es un perro muy manso muy dócil pero no es un perro para tenerlo en la cadena o encerrado. Es un perro que necesita mucho trabajo. Es un perro que hay que educarlo. Cualquier persona no puede tener un dogo porque tiene que tener su trabajo.
La característica del dogo es que esta hecho solamente para cazar. No es un perro para patio. Si bien hay mucha gente que lo tiene en el patio no esta nunca tranquila de lo que puede hacer el perro. Hay que educarlo. Trabajarlo de chiquito porque si agarras un perro de un año y medio y lo ponés en la cuadrilla no es lo mismo que a un perro que lo pones a los tres meses y lo empezaste a hacer. El perro sale con los otros perros, convive con los animales, ése perro te va a salir totalmente diferente al que tiene un año y medio.

Y la charla sigue y las brasas se van apagando.

7 hs. De la mañana. Aún no amanece y la mateada junto al fuego, otro fuego.

Omar, ¿qué te dice el fuego a vos?
El fuego en el campamento significa asado, tranquilidad, charla, organización de la caza. Significa un montón de cosas. Está en el conjunto después de la cacería, en el descanso, es anécdotas, es charlas.
En la cacería un fuego es un churrasco, un vino, comentarios después de la caza, un calorcito para las noches de frío. Debatir lo que pasó en el día. Si hubiese salido mejor así o mejor si hubiese salido de otra forma. Como los que nos pasó hoy, se levantó viento, los perros corrieron viento abajo y no pudimos escuchar a los perros. Por eso tuve que encontrar el rastro a los perros y seguirlo hasta donde estaba el chancho.


¿Ha habido rastro de chanchos grandes que has dicho, “no yo a es éste no lo sigo”?
Sí. Para que no me corte los perros. Por ahí considerando que no me servía para comerlo. A no ser que anduviera con algún cazador, entonces la presa era de él y la seguía.

Como suele suceder en las cacerías, nos faltó un perro. Manifestó que debíamos dejar alguna prenda, es este caso fue una campera porque el perro la olfatea y se queda junto a ella esperando a su dueño. Porque sabe, que volverá por él.

Perros que duelen
He llorado por un perro. Los defendía mucho yo a mis perros. Mas allá que nunca le he tenido miedo a los chanchos les tengo respeto. Y siempre valoricé los que hacían los perros por mí. Porque son el sostén. Los perros te salvan la vida. Me han escuchado llegar y aunque tenían suelto al chancho por los cortes recibidos, se le prendían de vuelta.
Siempre terminás perdiendo al mejor perro. Yo no conozco cazador, salvo que lo haya sacado a tiempo, que no pierda un perro. Siempre te lo termina matando un chancho.
He perdido a lo largo de mis cacerías muchos dogos.
Cuando deja de pelear el dogo… olvidáte, ya no lo salvás con nada. Está muerto. Tuve un perro llamado Choele. Un dogo espectacular, nuevo de 1 año y medio. Voy a una isla y me olvido el revolver en la camioneta. Cuando llego, luego de cruzar un brazo del río, solo me quedaba un perro de los cinco que tenía. Uno sólo prendido. El Choele ya estaba muerto. Y se había entregado. Cuando el chancho me encaró, el perro no lo dejó llegar hasta donde estaba yo. Cuando se trenzaron de nuevo con el perro, salté arriba del chancho y lo maté.



¿Qué pensás sobre la protección para los perros?
No estoy de acuerdo con los collares porque en los lugares que yo salgo a cazar hay mucho monte, muchos palerío y es muy posible que algún palo de ésos se le meta dentro del collar. Porque el chancho siempre busca el lugar más sucio para esconderse y pelear. Pero hay muchos chicos que los usan en campo afuera, limpios. Me han mostrado collares rayado con los colmillos de los chanchos y a los perros no les ha hecho nada. Les ha dado resultado. Depende el tipo de campo donde los llevás con esa pechera. Sin duda es una protección. Donde yo cazo, yo no lo probé pero supongo que no debe funcionar.

Decíme 5 amigos cazadores. Es un compromiso ¿no? Por los que te quedan afuera.
En cacerías de noche puedo nombrarte a Mario Schomberger. Es un pibe que le gusta la noche, muy buenos perros, muy corajudo. Siempre confió en sus perros. No usa armas, caza a cuchillo. Sabe cantidad de cacería de noche. Hemos tenido nuestros encontronazos con el tema que mejor de día, mejor de noche. Que el perro trabaja mejor así, pero lo hemos podido hablar de frente a frente. Discutimos temas y lo considero un amigo porque se ha animado a discutir conmigo diferencias. A respetar nuestras verdades. El tiempo le ha dado la razón a él y me la ha dado a mi también.
En Rio Colorado tengo a Marcelo Smith, un hombre grande, muy corajudo, muy buena persona. Me gustaba acompañarlo. El me enseñó mucho. Tenía muy buenos perros. Yo tendría 12, 13 años y lo acompañaba.

Soy conocido por todos. Y todos tenemos maneras distintas. Pero yo me quedo con mi idea.

¿Pesa la edad, Omar?
Y si… Por ejemplo si hoy agarramos un chancho, seguro ustedes llegan antes que yo. Pero nunca fui egoísta, siempre me gustó enseñar, aportar y todo lo que pueda dar en el tema de las cacerías.

¿Para qué cazás un chancho?
Siempre que he cazado he elaborado todo. Salvo que sea un chancho padrillo muy flaco. He hecho, chorizos, jamones, lomos. Lo que fuera. Para consumo. A mi me ha dado plata. No para decir, “Uf, mirá la plata que ha hecho Omar”, sino que he podido comercializarlo bien. Mataba un chancho, lo elaboraba y luego lo vendía. Aunque siempre he tenido un trabajo, lo del chancho ha sido una extra.

¿Crees que en la actualidad hay más jabalíes o ha disminuido con respecto a otros años?
Yo creo que hay más. Si bien hay más cazadores, también. Pero hay muchísimos más chanchos. Antes si veías el rastro tenías que buscarlo. Ahora tenés chanchos por todos lados. A 5 km. de Choele ya encontrás chanchos. Y bastantes.

¿Por qué crees que hay más cazadores?.
Porque hay muchos pibes nuevos. Si bien yo los veo, los escucho, pibes jóvenes, de 15, 17 años pero ellos nunca vivieron en el campo. O sea, les gusta cazar, agarran los perros y salen. No tienen experiencia. No se han criado en el campo. No tienen la noción del campo. Son diferentes.

No es tu caso que desde el campo te hiciste conocer…
Yo tuve la oportunidad de sacar a mucha gente de cacerías porque he tenido siempre muy buenos perros. He sacado a personajes que he conocido. (menciona distintas profesiones) vienen de distintos lugares (menciona distintas provincias) y a todos les aporto lo mismo que te he aportado a vos: mi confianza, le he brindado todo lo que he podido. Y ese resultado fue positivo. Toda esta gente me devuelve lo mejor.

¿Salis a cazar a otros lugares?
No he salido a cazar de la provincia de Rio Negro. Porque los chanchos yo los tengo aquí. Si estaría bueno salir pero a vivir otras experiencias.

¿Has cazado en los sembrados?
Muy poco. Tuve la experiencia pero sin resultados. Un día me di cuenta que a los maizales les tenés que meter un solo perro, bien cojudo, que se las aguante bien. Cuando el perro agarra largarle los demás. Porque sino los perros se ponen a correr entre ellos por el ruido de ellos mismos corriendo entre los maizales y no agarrás nada.

Qué hacés frente al rastro
A veces hay que parar. Hay que hacer descansar a los perros porque el chancho desde la 1, 1y media de la tarde hasta las 4, 4 y media esta dormido. Desde las 4 en adelante esta tendido pero despierto. Entonces, mañero, te escucha o te ventea y cuando vos llegaste al nido, se las picó. No esta más. Y lo van a correr los perros por rato y se te va ir. Agarrálo de la 1 a las 3 de la tarde que esta bien dormido.

¿Cuándo cambia de cama el padrillo?
Cambia de cama cuando lo corren. El chancho come siempre en el mismo lugar si tiene comida. Si lo disparas no vuelve. Puede venir otro. Y sino puede volver pero pasado mucho tiempo. Capaz que vuelve.
Si hablamos de chancho alzado pueden haber 30 chanchos y el padrillo cuando esta alzado anda con la cuadrilla y es ahí cuando esta muy malo porque defiende a toda la cuadrilla y generalmente los perros se quedan con él. Los perros no van a pelear con una chancha ni con un cachorro van a pelear con él. El se queda a defender a los otros. Al frente de la cuadrilla. Salta primero que los otros que se van.

¿Medicamento para los perros?
Dexa y antibióticos.

¿Ahora los llevas?
Si. Si. Si. … Están en la camioneta. (Risas) Alguna vez hay que decir la verdad…(Risas)

El hombre, rápido, no se queda atrás y dice:
Ahora yo voy a hacer una pregunta: ¿Pilchas para dormir esta noche … (Risas)
En alusión a mi olvido de cargar el abrigo para la noche de todos.

Omar. ¿Cómo se lo mata al chancho cuando esta prendido con los perros?
Yo siempre trate de matar con el cuchillo. Porque un cuchillo siempre es más rápido que un tiro. Vos le pegás una puñalada a un chancho y lo desinflás,. Y con un tiro como que puede caer en el acto o no. Porque le podés pegar a veces hasta 3 o 4 tiros y se te pone áspera la cosa.
Si tenés la oportunidad de ver que un perro esta prendido de la oreja del chancho, andá y pegále una puñalda. Yo generalmente me subo arriba. Porque el chancho te va a buscar y vos estando arrriba podés girar a la par del chancho. Hablando de agarrar a un padrillo grande.
A una chancha generalmente la agarro de una pata para desgollarla. Para no estropear el asado. Trato de matarlo rápido para que los perros suelten enseguida. Y a veces poder ir a buscar a otro.
Nunca dejé que los perros sigan mordiendo al chancho. Moría el chancho y yo le pegaba un grito para que dejaran de morder. Siempre de atrás, espero el momento que me de la espalda y aprovecho y me subo. Le doy la puñalada por el lado derecho. De la mano del cuchillo. Porque soy derecho. Siempre de atrás.
Siempre los respeté. Sin miedo. Pero es él o sos vos.

Habláme de los cachorros.
Siempre tenés que tener uno o dos en la jauría. Siempre tenés que ir haciendo uno. Porque salís con 6 o 7 perros y no sabés con cuántos vas a volver. Entonces tenés que tener uno de repuesto.
La edad justa para meterlo en el campo es de 6 meses. Para no estropearlo. Hay que sacarlo en cacerías cortas.
El galgo ruso es uno de los que mas cuesta enseñarle. . Tarda en destacarse pero es muy bueno. Uno de los que más tenés que esperar. Capaz que pasan 10 chanchos y no agarró ninguno pero después cuando aprende resulta ser uno de los mejores de la jauría.

Te pregunto lo mismo que a la gente de mi foro: Si tengo una doga, qué perro elijo para el servicio y contar con buenos cachorros de caza.

Yo elijo el galgo ruso. Porque sale un perro intermedio, ni pesado ni liviano. En esa cruza al tener sangre de dogo, se va hacer mucho más rápido. Ese cachorro a los 7 meses esta corriendo igual que el dogo. A ése perro no lo vas a esperar. Esperás al galgo ruso, pero no al dogo.

A propósito, le pedi unas palabras para los amigos del foro:
No los conozco, a algunos tal vez conoceré. Contento de haber podido participar en esta nota con vos. Alguna vez se dará que vayamos para allá o que algunos vengan para acá. Siempre será con un asado.

Paradoja de la vida: junto a uno de los mejores rastreadores, en unos de los lugares donde hay más chanchos, el viento nos juega en contra. Los perros dieron con dos chanchos pero nosotros no tuvimos la suerte de encontrarnos con rastro grande alguno como para darle el gusto a don Méndez y que se luzca.


Agustin Sherriff

ADMINSTRADOR DEL FORO CAZADORES CON JAURIA

domingo, 9 de septiembre de 2007

miércoles, 5 de septiembre de 2007

ESTO ES...

i
Para ver los video hacer un click sobre el link y les recomiendo poner pausa, que descargue todo y mirarlo .

Video 1: http://es.youtube.com/watch?v=l-XiK3EgR1k




Video 2: http://es.youtube.com/watch?v=a2xYeBfiRrc



Video 3: http://es.youtube.com/watch?v=KFRrEhf1HtA
Video 5: Video de celular captando imagines de mi Gran Danes haciendo presa http://es.youtube.com/watch?v=KorexoJ5hok

sábado, 25 de agosto de 2007

"A PERRO Y A CUCHILLO"







El campo no entregaba lo que yo con fuerza y espíritu había ido a buscar.
Tres días de largas caminatas con la sola compañía de mis perros. A ellos más que a mí se les notaba la fatiga y el hambre. Sobre todo el hambre de matar.
El cansancio nos estaba ganando la partida. Ultima entrada al campo, último sacrificio. Le pedía a mis rodillas que aguanten un poco más, pero esta vez fui vencido por mi cabeza.
Maldije el momento, me pregunté por qué andaba solo, por qué me exigía tanto, a quién quería engañar, cuántos kilómetros más serían necesarios para empezar a aborrecer esta actividad que en el mejor de los casos es mi pasion.
En la lucha del poder de la voluntad fui vencido, me rendí.

Comencé el regreso en dirección a la camioneta que me llevaría a la casa, al placer de los pies descansados, el baño caliente. A una comida elaborada y la bebida fría. Cien metros me faltaban para llegar a ella cuando la vida, en un instante, me demostró que mis repuestas vinieron de adentro de un molle, provocado por el torido de mi perro Sacachispa. Sin previo aviso el chancho jabalí se despertó como un gigante de la siesta. Con mucha tranquilidad tuvo tiempo para dejarse alzar, encrespando el pelaje, asustando con su tamaño.

A unos 15 metros quedo petrificado. Lo único que atiné fue a desenvainar mi cuchillo, pero me di cuenta de lo indefenso que estaba. Solo un perro se interponía y ese perro era la barrera que había entre la bestia y yo.
Un grito venido del alma salió de mi: cheló cheló cheló, el mismísimo grito del respetado Amadeo Biló. De mis espaldas los dogos cruzas salieron al encuentro.
Ante el atropello, el padrillo emprendió la fuga, tan escandalosa y ligera que llegue a pensar que se retiraba sin presentar pelea.

Lo maravilloso fue ver a toda la jauría a la siga de ese chancho.
Me llamo la atención mi Arruinado, un joven dogo Argentino que, con gemidos de ansiedad por no poder alcanzar la presa, ponía a prueba su rudeza, siendo una locomotora en la forma de partir el monte. Una bestia tras la bestia. En pocos segundos me encontré solo.
Comenzaron las dudas.
Dudé, dudé, dudé muchísimo si enfrentaba a ese barraco, el doble en tamaño de mis perros, sin arma, a pie, solo. Un desafío peligroso. Había encontrado lo que buscaba y no quería encontrar. Qué contradicción. Aunque los colmillos eran parte del juego me preocupaba la vida de mis perros más que la mía.
Comencé a correr con cuchillo en mano por el camino de la huida del animal. Mi cuerpo se bañó de transpiración, sentía que mis pulmones estallaban. Los latidos del corazón en mi pecho no me permitían escuchar sonido alguno.

Maldije mi falta de estado como siempre. Corrí y corrí, hasta que se me engarrotaron las piernas. De pronto, comencé a escuchar los aullidos de los perros.
Irremediablemente la bestia estaba peleando por su vida.
Saqué fuerzas de donde pude y llegué con precaución. Divisé una nube de tierra. Jugado como estaba, con la adrenalina en todo su derecho, mi intención fue encararlo, pero mi embestida fue arruinada cuando el padrillo me vio.

En un par de bufidos y colmillazos se desprendió de los perros.
Juro por Dios que el miedo me paralizó.

Sólo recuerdo la mancha blanca, una luz que se aferraba a la cabeza de la bestia, mi Arruinado. Tal vez ayudóotro perro a que no me partiese al medio, pero es a él al que recuerdo. Qué coraje demostraba el joven dogo.
Retrocedí unos metros sin tocar el suelo sintiendo que se me venía encima. Odiosa sensación. En eso logro ver que el chancho jabalí gira, dándome la posibilidad de tomarle la pata trasera izquierda.

Animando a los perros nuevamente con el cheló!,cheló! para que no me aflojen en la últimas, logro con mi mano derecha apuñalarlo en la paleta, en un fallido intento llegar a su corazón.
Tenía la mano izquierda acalambada por la fuerza de sostener la pata. Cambio de mano y le entro con el cuchillo por la izquierda otra vez sin ver signos de que se desangre.
El chancho castigaba a mis perros y empecinado buscaba mi figura. A las puteadas, exhausto, con los cheló! raspándome la garganta, desgarro la herida hacia abajo tirándole todo mi peso encima y lo derribo. Cómo deseaba ponerle fin a esto. Respiraciones y jadeos agitados eran los sonidos de la tarde. No lo podía creer. Había caído un grande.

En un recuento de mis canes veo a Lonco echado a unos metros, tenia un corte producto de un golpe fuerte en el abdomen. Por su parte Arruinado presentaba un corte profundo cerca de la vena yugular.

Se salvó por centímetros de no morir desangrado. La vida nos daba otra oportunidad. En un entrevero de sensaciones me uno en un abrazo de agradecimiento a ellos que, a bocanadas como yo, trataban de llenar los pulmones de aire. Recién ahí me di cuenta de mi estado, del temblor de mis manos y piernas que me obligó a sentarme sobre la tierra.

Imposible describir con palabras precisas lo que sentía. Ni siquiera ahora sé si es una respuesta. Pero sí puedo afirmar que el momento vivido justificaba la intensa pasión y el esfuerzo de años puestos en la cría de los canes. Por la íntima satisfacción, celebrada por los que saben de qué hablo, de hacer presa a un descomunal jabalí en lo que certeramente se denomina A perro y a cuchillo.

viernes, 24 de agosto de 2007

Relato:




Siento una leve mala onda –dijo Leo.
Y no se equivocaba.
Juan, mi hermano, estaba de mal humor. Y yo cansado de tanto andar. Era lunes y no quedaba nada de las provisiones que mal habíamos calculado para aquel fin de semana de marzo. Y como si fuera poco, en la cacería de la mañana se nos había perdido nuestro Jack.
Realmente se respiraba una espesa mala onda.
Leandro había venido desde Trelew. Nos visita una vez por año y por tal razón veníamos exigiéndonos un objetivo: cazar un padrillo, y de los grandes, más allá que tres chanchos de mediano porte se encontraban colgados en el travesaño del puesto.
Un objetivo por demás pretencioso. Y extremadamente peligroso para nuestros perros.

Era el mediodía y el sol pegaba fuerte cuando le dije a Juan que fuéramos a buscar al Jack y que luego habría que regresar al pueblo.
Dicen que si un perro se pierde, una prenda del dueño puede ayudar a encontrarlo porque si el animal extraviado la encuentra se queda junto a ella. Un recurso al cual Juan apostó una vez más cuando dejó su campera sobre el alambrado. Fuimos en la camioneta a buscarla y ahí estaba el Jack, echado sobre la campera. Uno apostó pero ganamos todos.

-Ya que estamos demos una vueltita por un lugar que conozco por acá cerca –les dije.
Juan no quería saber nada. Podía más su desánimo que mi propuesta. Lo convencí a medias diciéndole que era una vuelta corta, no más de 20 minutos.
Comenzamos a caminar hasta el filo de una barda donde se proyecta un zanjón tupido de monte.
Los chanchos suelen hacer sus dormideros por ahí.

Lo caminamos todo y no pasó nada. Mi última chance de cazar fracasaba. No quedaba otra que regresar a la camioneta. Leandro y yo nos reíamos de la frustración de Juan: la llevaba pegada al cuerpo. Venía a unos 15 metros, rezagado, caminaba con la cabeza gacha, las piernas le pesaban.El lugar era desolador, solo pequeños montes donde es imposible que algún animal haga refugio. Los perros venían por detrás, jadeando calor y cansancio.
Noté que el Jack levantó el hocico, olfateó algo aunque siguió por delante con su tranco acompasado al mío.
Después de unos veinte metros, levantó el hocico de nuevo e inmovilizado trató de captar el olor.
Le dije a Leandro:
-Eso es chancho.
-Dejá de bolacear- me respondió.
En verdad lo dije para levantar un poco el ánimo y poner mi esperanza en el hocico de ese perro.

Dos, luego tres perros levantaron cabeza, como decimos los chancheros.
-Eso es chancho- dije de nuevo. Y esta vez sonó diferente. Vi como se transformaban las caras de mis compañeros.
Los perros ya lo sabían y salieron a encontrarlo. Mis pulsaciones se aceleraron. Siete de ellos rodearon un montecito tupido que estaba en medio de la nada.
Les hice una señal a mi hermano y a Leo, indicándoles que ahí dormía el chancho.
Me volvió el recuerdo de otras tantas veces que había levantado barracos de la misma manera, cuando los perros rodean el monte y empiezan a mover la cola.
Cargué mi escopeta, ya era seguro, era un barraco y en el caso que dispare para mi lado lo intentaría cruzar con un brenek (cartucho de plomo, para aquellos que asoman a este relato por el relato mismo nomás).

El primero en entrar y dar la señal fue el Sacachispa. Su torido siempre nos deja justo a la orilla de un infierno donde será de uno no quemarse vivo.
El chancho desarmó el monte donde dormía y se abrió paso para la huida.
Instantes maravillosos para todo cazador donde aquel infierno se vuelve cielo de repente y acaban siendo la misma cosa.
Al grito de ¡Barraco, barraco! y a correr se ha dicho.
El chancho, bien astuto, disparó adivinando el lado donde no iba a ser interceptado.
Mi hermano que ya no era el mismo, salió con toda su furia ahora en escandalosa persecución.
Yo, por conocer un poco más el lugar, me abrí por una brecha donde podía correr sin obstáculos, Leo corría por detrás de mí.
Los perros nos aventajaban unos 200 metros. Se sentían los toridos y eso significa que aún no alcanzaban al chancho. El lugar era bastante limpio, ideal para que el Chavo, uno de los perros, pueda llegar a detenerlo.

Sabía que yo tenía que correr con una marcha constante para no agotarme. Así lo hice.
El calor me sofocaba en la corrida, la escopeta me pesaba, las piernas como tantas otras veces se me endurecieron por el despiadado esfuerzo, todo el aire se me hacía escaso.
Un perro aulló. La pelea había comenzado.
Me faltaban unos 50 metros, distancia interminable cuando se trata de llegar al lugar. Los ruidos a ramas quebradas y gruñidos de los perros son azotes en la desesperación de uno. Dejan marcas que no se olvidan.
El chancho daba pelea en sector de jarillas y piquillines. Era imposible entrar.
Me paré unos instantes para tomar aire y pensar un poco como venía la mano, pero no había tiempo, el chancho, carajo, estaba lastimando a los perros.
Cerré los ojos y encaré para lo sucio del monte, los latidos de mi corazón se me habían subido a la garganta.

Agachado pude ver a los perros que lo tenían prendido por la cabeza. Lonco se encontraba echado sujetándolo de la trompa y el jabalí lo castigaba en el pecho.
Jack y Chavo en la cabeza, el Arruinado prendido del lomo pasaba para un lado y otro del chancho. Debido a lo tupido del monte no podía afirmarse bien. Pehuen mordía de la paleta, no le aflojaba al grandote.
Dejé la escopeta en el suelo y pude llegar sin ser visto para tomarle una pata trasera.
Sentado logro estirarme y entrarle con mi cuchillo, pero al no poder afirmarme me ganó con su fuerza. Hizo que el cuchillo se me cayera el suelo, evitó y me gusta pensarlo así, que yo mismo cortara algún perro.
Había que estar ahí abajo, era una tarea complicada. El animal me tiraba con mucha fuerza pero yo no le iba aflojar por nada. Sería mi perdición.
No me quedó otra que pedir ayuda.


El coraje de mis perros en la pelea me tenía subyugado aunque a simple vista el Arruinado mostraba el cuarto cortado. No podía esperar más, el chancho castigaba con peligro de muerte al desprotegido cuello del Lonco.


No entendía la tardanza de Leo, su falta de respuesta a mi pedido de ayuda, si venía a unos veinte metros detrás de mí. No es fácil manejarse dentro del monte, más los nervios y adrenalina..., se complica la cuestión. El hombre hacía lo que podía. Pero en estas instancias las demoras, contémoslas en segundos, son eternas.
-¡Barraco! Barraco! Dále vengan!- gritaba yo.
En eso lo veo a Juan. Como un tractor abriendo paso por el lado más tupido del monte, venia con las manos en la cabeza para no lastimarse la cara. Increíble, pudo llegar hasta donde yo estaba.
Lo vi como el mismo diablo desenvainar su tremendo Eskiltuna y dar una certera apuñalada. Y ahí nomás el chancho se desplomó.
Dicen que los grandes caen con más fuerza al suelo. Así fue que el chancho se encontró con la muerte antes de que yo entendiera que ya estaba muerto.

De un rápido vistazo, Juan se da cuenta que todos los perros estaban bien y exclama:
-¡Vamos mierda, semejante padrillo a cuchillo y no mató ningún perro!
Llegó Leo y nos unimos en un abrazo.
No lo podíamos creer. Qué satisfacción tan grande sudaban nuestras caras.
Leo, después de vernos nacer en lo que a cacerías se refiere, por fin pudo presenciar una cacería de tal magnitud. Tantas veces las había imaginado escuchando voces que no eran las nuestras. Sabía de nuestros sueños.
Le pido prestadas palabras a mi hermano cuando dice que solamente alguien que lo vivió puede entender aquello se siente después de haber criado a tus propios perros y poder hacer presa a cuatro chanchos, todos a cuchillo.
Es algo que hasta narrándolo como necesito hacerlo sé que me quedo corto.

Una recomendación y porque para mí vale: si pueden lleven una máquina de fotos. Les ayudará en el tiempo a revivir momentos especiales, irrepetibles que deja cada aventura.En las cacerías de chanchos, como en la vida misma, pasar del desánimo a la pura alegría depende de la voluntad de uno. Modificar el resultado aquella vez a mí me costó un intento más, una última vueltita de veinte minutos, a pesar del cansancio.

miércoles, 22 de agosto de 2007

SEGUNDOS DE VIDA O MUERTE




A la luz del farol no puedo comprender qué fue lo que pasó.Me siento un cobarde, pero... ¿por qué?
Un libro sobre la mesa, ajado de tantas leídas, tal vez tenga que ver con todo esto. “Dogo Argentino”, un regalo de Amadeo Biló. Quizá sea una respuesta. Mi dogo. Cuánta falta me hizo hace apenas minutos, lo hubiera pedido a gritos.
Amargura, sólo eso me brota del pecho. Pero en la vida se gana y se pierde y debo aceptarlo así.
Imágenes dando vueltas por mi cabeza. Una y otra vez: el padrillo en la mira de mi fusil, perros acalambrados, inútiles balas recargadas de la segunda guerra mundial, un clic. Nada. Tuve tu vida en mis manos en dos oportunidades, pero zafaste.

Había salido sólo con tres perros porque el objetivo era cazar una chancha. Sin querer, queriendo me encontré con un chancho de aquellos. Y con mi error.
Fieles compañeros: Jack, Sacachispa y Pehuen. Estoy muy orgulloso de ellos. Se mostraron con un coraje admirable. Lástima que yo no pude hacer nada cuando más me necesitaron.Como dice Biló en su libro: la lucha por el jabalí dura escasos segundos, a veces minutos. Y uno lo sabe. Los de hoy fueron segundos, en los que Jack y Pehuen lograron sujetarlo.Pero bendita la verdad si yo hubiese entrado en lo tupido e impenetrable del monte donde se desarrollaba la pelea, que solo la podía ver cuerpo a tierra.
A veces se me da por creer que tengo a Dios de mi lado y él quiso que yo no estuviera ahí. Estaría despostando el animal si las balas de mi fusil no hubieran fallado cuando lo tuve a tiro.
Sus ojos me descubrieron y fue motivo suficiente para su atropello. Me pasó a escasos metros.

Dos tiros a corta distancia. Y ambas balas fallaron.
Qué desprotección.
Logro cargar para el tercero y alcanzo a disparar el tiro exigido cuando el jabalí me gana el monte. El Sacachispa lo corría pegado a los garrones.
Luego, de rodillas logro ver al chancho que sentado, la peleaba con los perros.
Pensé que estaría herido. Dudé. Jack y Pehuen, poco podían hacer debido al porte del jabalí, el cansancio los venció y en su ultima carrera lo abandonaron.
Me encontré solo. Y estaba solo.
El silencio en la tarde que se iba y un torido del Sacachispa a lo lejos, me hizo comprender que era inútil y arriesgado volver a encararlo con una bala insegura y un perro Boder Collie.
Tuve que aceptar la derrota. Y desde el fondo de mi propio desánimo me juré la revancha. Sólo un cambio: el fusil por un perro, mi Arruinado, un Dogo Argentino que no había podido traer. Como así tampoco Lonco y Chavito, otros dos compañeros en la vida.

Cometí un error, lo sé, por eso me atrevo y aconsejo: cuando salgan en busca de chanchos, que sea con 4 perros, o más perros prendedores, por las dudas que se encuentren con un padrillo en lo tupido del monte.
Entendidos en el tema lograrán ponerse en mi piel cuando se viven minutos interminables, sudados por el miedo, enredado a veces en los jarillares y el padrillo furioso que arremete, disparándole casi sin tocar el suelo de tan sólo imaginarlo -que es mucho peor que verlo- bufándonos los tobillos, como el peor de los fantasmas.
El regreso sin la presa, pero con la vida de uno entre las manos, que no es poca cosa.
Bien dice el payador Huenchul en un verso: de donde casi dejo el cuero de puro tonto al saber.


Nota: No puede llevar más perros porque en mi afán de cazar una chancha y teniendo la camioneta rota, pedí a un conocido que me lleve hasta al campo. Luego tendría que venirme a dedo.Sin embargo lo logré,
Al otro día por la mañana pude matar un chancha, y bueno... se haría largo el relato si les cuento lo que tuve que trabajar para llevarla hasta el camino donde me alzaron hasta el pueblo! Anécdotas que quedarán por siempre.
Imaginen solo esto: lavándome los pies en un tajamar, ropa teñida de rojo sangre, 3 perros descansando bajo un chañar a metros del camino y sobre é, colgados, dos media red de jabalí. Haciendo dedo.
Pregunta... ¿Vos me llevarías?
(A.S)

martes, 21 de agosto de 2007

Relato:







Relato basado en apuntes de puño y letra que me entregó mi hermano Juan Ignacio, escritos en el reverso de una vieja, ajada carta documento.


Un día como cualquier otro, cuando llega la tarde, uno se pone a pensar qué hacer... y me dije en ese momento: voy a ensillar la overa para ir a pegarle una mirada a los terneros que están en el jarillal, ya que hace rato que no ando por ese lugar.
Eran pasadas las tres de la tarde de un día muy caluroso de marzo cuando salí junto con cinco de mis queridos y apreciados perros. Uno tras otro se enfilaban tras los rastros que dejaba mi yegua.
Al Jack, uno de lo más veteranos y experimentado de mi cuadrilla lo dejé atado debajo de la sombra de un eucalipto, por presentar un síntoma de renguera en una de sus patas traseras y Chiquito, el tímido ovejero, tampoco fue de la partida por estar escondido en el galpón.
Cuando llegué al jarillal (un potrero de 70 hectáreas con zonas pedregosas cubiertas de olivillos, jarillas y chañares) los terneros, por suerte, se encontraban arrinconados sobre el secano (potrero de 30 hectáreas limpias, sin monte) Decidí pasarlos a ese lugar así podría llevarlos al corral y encerrarlos para revisarlos con más tranquilidad.

Empecé a presionarlos para que pasen. Comenzaron a correr dividiéndose en varias tropas y ahí se me complicó la cosa.

Yo iba de un lugar a otro, pero como mi yegua estaba muy gorda no podía hacer mucho, sólo me quedaba trabajar con inteligencia y con la ayuda de los perros. Gracias a ellos pude meter gran parte de ganado en el secano.
Una punta de terneros me ganó la tranquera y se metió entre la espesura de unos matorrales de olivillos, como lo llamamos nosotros: un sucial. Me bajé de la yegua y animé al Sacachispa para que los sacara, ya que está capacitado para ese trabajo. Luego de varios toridos los terneros comenzaron a avanzar.

El ladrido del perro había cambiado, ahora era más grave y los demás compañeros que estaban junto a mí salieron disparados como misiles. Supe entonces que el Sacachispa había dado con un jabalí y yo con una historia tal vez para contar.

Corrí hasta la overa, monté y salí a toda furia hacia la orilla del río de donde provenían los toridos. Quise ganarle al chancho antes de que vadee el río pero cuando me asomo en la orilla ya el Sacachispa y el Arruinado iban atravesando la correntada. Por detrás se largaron Chavito, Pehuen y Lonco. En cuanto hizo pie el Sacachispa se perdió en los matorrales de sauces y tamariscos. En pocos segundos ya lo había empacado porque imaginaba yo que era un barraco.
La gran pelea había comenzado: se escuchaban los toridos y gritos de los perros.

No pude dejar de pensar que, seguramente, el chancho, con sus afilados colmillos los estaría lastimando, haciéndoles cortes en distintas partes del cuerpo.
Me encontraba del otro lado del río. Me sentía impotente, cada segundo que pasaba apretaba el nudo que tenia en mi garganta. Pensé en el mal traer que tendrían los perros y decidí tirarme al río. No había tiempo, nadaría con la ropa puesta: camisa, bombacha de trabajo y unas botas de cuero. Llevaba apretado en una mano mi cuchillo verigero mientras braceaba contra la mansa pero pesada correntada.Al llegar a la orilla opuesta me enredé con unas ramas. Me hundía el peso de las botas complicando mi salida. En ese momento escucho el ruido de un vehículo que se aproximaba a gran velocidad al lugar de la pelea.

Los sonidos a ramas quebradas y a perros lastimados que se escuchaban en la tarde eran impresionantes y aceleraban mi corazón. Luego, no escuché más nada.
Quien fuera había llegado en el vehículo, de alguna manera lo había silenciado.

Pegué un grito.
Alguien me devolvió otro.
Comencé a arrastrarme entre las ramas de los olivillos. Los 200 metros que tuve que hacer para llegar, juro, se me hicieron interminables.
Cuado llegué quedé impresionado: me encontré con un semejante padrillo muerto entre una rueda de perros agotados.El hombre dijo que estaba trabajando y al escuchar la pelea, se imaginó que era el chancho grande que habían visto varias veces en los manzanos.
Cargó unos perros en la camioneta y ellos fueron los que ayudaron para el remate final a cuchillo, porque mis perros lastimados ya casi no tenían fuerzas para sujetar.
En verdad el Arruinado, por ser el cachorro del equipo llevó las de perder, tenía un corte en el pecho y en el cuarto trasero. Los demás no tenían cortes de extrema gravedad.
Ya más tranquilo con un apretón de manos le dije: Usted debe ser Dante, mi vecino, ya que no nos conocíamos.

Resultó ser mi vecino, nomás. Decidimos sellar la presentación esa misma noche con un buen asado.
Juntos arrastramos el animal hasta la camioneta. El resto
es sabido por todo cazador: corre la noticia y se acercan
los conocidos a compartir la alegría de la cacería, con fotos incluidas. Un muy buen pretexto para sumar comensales al asado y entre todos revivir los intensos momentos de la tarde.
Mientras curaba a mis perros no podía dejar de pensar en los pocos minutos que dura una pelea y en el riesgo que corren.Gracias a Dios mi vecino pudo llegar a tiempo, porque yo me demoré debido a la suciedad del monte.
Agradezco infinitamente a Dante de haber intervenido y que hayamos salido victoriosos en esta cacería. Lo más importante fue que no tuvimos que lamentar la pérdida de ninguno de nuestros perros.
Esto fortalece el dicho: cuando uno menos lo busca... lo encuentra. (J.S.)



lunes, 20 de agosto de 2007

Relato:




Trabajaba en la estancia Agropecuaria Forestal del Valle.Mi hermano Juan como encargado me enseñaba a manejar el tractor con las diferentes maquinarias.
Agropecuaria cuenta con 10 mil hectáreas de campo y 250 hectáreas de pastura que se ubican sobre el margen del brazo sur del Río Negro, a pasos de localidad de Lamarque, una de las tres poblaciones que conforman la isla.
En algunas recorridas por el campo, en especial por la zona del sembrado, a metros del puesto donde supo estar por muchos años Don Severo, veía los rastros que dejaba un chancho, aparentemente cuando entraba a osar en las noches. En verdad era desastre lo que hacía, cómo dejaba la tierra.
Por la comodidad con que el animal se movía en el lugar se había ganado que lo llamen El capataz de Severo.

Por eso más de una vez enrabiado el dueño de la estancia,
Don García, nos animaba para salir a cazar.
En los 4 años que llevaba Juan trabajando no había tenido mucha suerte en el tema de cacerías. Le era difícil dar con un chancho, y cuando los encontraba no podía hacer mucho, por ser un sector sucio de pichanales. Además no contaba con perros chancheros.
Pero fíjate vos las vueltas que da la vida... Uno no está por estar y lo que pasa no pasa por pasar. Señales, digo, sino, cómo explico que por seguridad en la estancia 3 de mis cachorros cruzas con dogos se criaban privados de la libertad bajo la sombra de los árboles que rodean la casa, sujetos por una cadena de apenas dos metros de longitud.
Verlos todos los santos días, ahí, mirándome con ansias me entristecía pero a la vez, no podía dejar de soñar con ser un cazador de chanchos. Y qué mejor momento para empezar.Mi hermano contaba con los conocidos Boder Collie, muy útiles para el trabajo con el ganado, y un joven galgo poco voluntarioso como todos los de su raza. Gran parte
del día se lo podía ver descansando bajo el calor de la salamandra.
Reponía de esta manera, la energía que necesitaba para desarrollar su gran velocidad al hacer presa de todo bicho que le dispare.

Así el sábado después del mediodía ensillé la overa y con el Flaco, un compañero de trabajo, partimos para el pantano (cuadro tupido de pichana y tamarisco donde se filtra el agua de la napas, de ahí el nombre)
Con la intención de pasear a los cachorros: un Dogo argentino de 7 meses, un Dogo cruza con Gran Danés de 10 meses y otro Dogo cruza con Manto Negro, de un año.
Cachorros con pocas salidas pero muchas ganas de hacer presa al primer hocicudo que se cruce en el camino.

Los boder y el galgo se sumaron en la partida.Pasando por el galpón de la estancia se encontraba mi hermano. Le pido una escopeta 16 y le aviso que iba a dar una vuelta por aquellos lugares. Haciéndome burla me dijo:
-Te voy preparando el aparejo así lo colgamos.

Sin prestarme al juego, claro, él acobardado de sus salidas frustradas, comencé a llamar al Jack, un perro bastante baqueano que, en el caso de que nos encontremos con un chancho, les enseñaría a los cachorros los porqué y para qué de su vida de perros.
Pero el Jack con su personalidad particular solo nos siguió unos metros y se volvió con Juan. Después de todo él era su amo.
Dejando atrás la estancia, pasando por la zona de la chacra, en minutos entramos en el famoso pantano donde duermen los inalcanzables barracos.
Por haber llovido días atrás, pudimos ver con facilidad rastros frescos de alguna chancha con lechones.
Ansiosos, de por si contentos por sacarlos de un collar con cadena, los perros podían olisquear y armar cuantos pasos ellos quisieran.
El pantano al ser un cuadro de pocas hectáreas lo atravesamos al medio en poco menos de una hora y como estaba cayendo la tarde emprendimos el regreso.

En cuanto pudimos divisar la tranquera que nos llevaría en unos minutos derechito a la estancia, encontramos un rastro de un macho grande que iba en dirección para el sembrado.
Pensé que era un rastro de la noche anterior, cuando había entrado a comer.
Mi compañero, gran conocedor del lugar, insistió en seguirlo un poquito pues estaba confiado que el chancho tenía la cama a metros del puesto de Don Severo.
Le di la razón y rodeamos unos tamariscales cercanos al alambre que divide el sembrado del pantano.
Logro ver una libre que también la vio una perra boder y comenzó a perseguirla. Al no poder alcanzarla empezó a ladrar y rompió el silencio que se necesita en la cacería de jabalí. Además me amargó, perdí toda esperanza, pero cuando menos lo esperaba, un tropel y ruido a ramas quebradas llamo mi atención.
Toda la jauría desapareció en un instante a la siga de la ruidosa marcha que llevaba aquel animal. No tardé en comprender que se trataba de El Capataz. Los ladridos de los perros habían levantado al grandote de su siesta.

Mi cuerpo se saturó de adrenalina, como tantas otra veces el miedo me invadió. Me preocupaban los cachorros.

Comenzamos entonces a correr con los caballos pero era casi imposible, pues había que gambetear renuevos de chañares, lastimándonos las piernas y las patas de los caballos. Sabido que cada segundo que pasaba era vital para la vida de mis perros.
Un aullido de dolor de uno de ellos me puso como loco. Lo animaba a mi compañero para que no me deje solo, lo veía muy asustado por ser la primera vez que se acercaba a un barraco, se me quedaba atrás en la corrida.
Llegando a un limpio, pude distinguir a El Capataz entre un círculos de perros, presentaba enormes colmillos.
Como no estaba el Jack ninguno mordía en la cabeza, lo tenían sujetado de los cuartos. Así era fácil ver como le blanqueaban los marfiles. El chancho sentado sólo trataba de sacárselos de encima y, sin embargo, en esa posición su gran tamaño llamaba la atención.

Cuando pensé si era seguro bajarme del caballo y apuñalarlo se desprendió de los perros y buscó para el lado mío. En un amague pude sacarle la yegua del camino y pasó al trote manso, como si nada.
Mi compañero de un grito me recalca los calmillos y que yo le dispare. Pero quedé atontado, siguiéndolo con la mirada cómo se perdía en el monte.
Me sentí un cobarde, ni siquiera levanté la escopeta, una oportunidad que tuve a tiro y no reaccioné.
Por suerte antes de llegar a un chañar bastante sucio, los perros logran empacarlo. Ahí no dudé, no podía esperar más.
Era ahora o nunca.
Me acerqué para asegurar el tiro, giré un poco a la yegua, apunté entre la cabeza y las paletas y al fin el disparo.No sé como diablos pero juro que sentí la sacudida del barraco cuando el plomo lo atravesó.
Al verlo herido los cachorros se prendieron sin asco al animal. Me bajé del caballo, lo sujeté por la cola y el Flaco lo apuñaló cuando el chancho ya estaba entregado.

Lo demás fue, para qué decirlo, la gloria.
Y el abrazo inolvidable con el Flaco, los gritos de alegría que llegaron hasta donde estaba Juan que, guiado por el disparo, llegó hasta nosotros a sumarse al festejo. Con los dedos de la mano se puso a medir los colmillos. (Para no quedarse corto en sus relatos en las rondas con amigos)
Y como si fuera poco, rápidamente marca un número de su celular y decidido anuncia:
-Marcos, cayó el grande.
Esas palabras, insignificantes para cualquier otro, fueron tan precisas que las tomo como un trofeo. Me erizan la piel de tan solo recordarlo.
Marcos, su entrañable compinche de aventuras. Y el grande... quién no sabe lo que es un grande. Si me ha había hecho sudar en las noches de tan solo tenerlo a dos trancos de mi sueño.